• (Una de las) utilidades de la traducción

    La traducción tiene varias utilidades, dependiendo de a quién le preguntemos, dependiendo de qué es lo que nos interesa, como particulares o como empresas. Es cierto, además,  que últimamente se habla mucho del papel del traductor o la traductora como un puente entre lenguas, entre culturas y varias metáforas (que me encantan) más. Pero en la publicación de hoy me gustaría destacar una característica más bien útil o pragmática de por qué el papel de la traducción nos puede resultar tan útil en nuestra sociedad. Para hacerlo, primero analicemos estos dos gráficos sobre cuáles son los procesos cerebrales involucrados en el proceso de escribir en nuestra propia lengua o en una lengua extranjera:

    lenguas extranjerasFuente: LingoIo (traducción propia)

    De los gráficos anteriores se desprende que en el proceso de escritura en nuestra propia lengua, utilizamos sobre todo la creatividad y en un segundo lugar el ánalisis. Sin embargo, la comprensión queda relegada a un cuarto lugar puesto que en nuestra propia lengua no nos hace falta parar a investigar el significado de una o de otra palabra. Sin embargo, al trabajar en una lengua que no es la nuestra, por mucho que la dominemos, la comprensión pasa a ocupar un gran primer lugar junto con la formulación, dejando la creatividad (herramienta fundamental del proceso de escritura y creación) a una última posición. Es decir: pasamos tanto tiempo pensando “¿cómo debo escribir esta frase?, ¿cuál será la forma correcta de utilizar este verbo?, ¿puedo usar esta palabra en este contexto?” que ya no nos queda tiempo para ahondar en el contenido de lo que escribimos. Este hecho supone evidentemente una pérdida de calidad del texto por partida doble: por un lado, si escribimos en una lengua que no es la nuestra, es posible que comentamos errores sintácticos o estilísticos y además, estaremos perdiendo calidad en lo que se refiere a contenidos porque (posiblemente) rebajaremos el nivel de complejidad de lo que queremos explicar para poder así expresarnos mejor o con más seguridad en la lengua extranjera.

     

    “En lingüística, generalmente se asume que la lengua no nativa no involucra tanto el proceso de pensamiento (creatividad) como el proceso de ejecución (formulación e interpretación). Esto también explica por qué las personas que hablan varias lenguas vuelven a su lengua materna para expresar situaciones emocionales como discusiones, momentos de tristeza o indignación. […] De la misma forma, especialmente cuando nos comunicamos en una lengua que no es la nuestra, tendemos a utilizar un nivel de lengua cuya complejidad se ha rebajado.”

    LingoIo: Language switching in business contexts

    Todo esto tiene una fácil solución: contrate a un traductor. De esta forma, se asegurará de que:

    1. El texto, escrito en su lengua nativa, posee la máxima calidad estilística, gramatical, de contenidos, etc. y no ha tenido que pasar por el tamiz de convertirlo a una lengua extranjera.

    2. El traductor profesional traducirá el texto a la lengua que usted desee con la misma calidad que el original, evitando así la disminución de la complejidad del texto y los errores y por ende mejorará la riqueza tanto del texto original como del texto traducido. De esta forma, al escribir un texto podremos concentrarnos en su contenido y no en su forma, porque daremos rienda suelta a nuestro vocabulario, nuestro conocimiento y nuestro talento y cuando el texto esté listo, contrataremos a un traductor que hará precisamente lo mismo con el texto traducido.

    Una solución que nos beneficia a todos, porque un texto bien escrito, preciso y con gran riqueza de vocabulario da una buena imagen de nosotros o de nuestra empresa.

     

     

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