La relación entre el cliente y el traductor

Como traductores profesionales, es habitual que trabajemos con agencias de traducción (que desempeñan el papel de intermediario entre el cliente final y los traductores) o que tengamos clientes directos, es decir, empresas o particulares que nos contactan directamente para que realicemos sus traducciones. Precisamente sobre este segundo tipo de cliente versará esta publicación, en la que intentaré explicar qué papeles tiene cada persona involucrada en la relación cliente <-> traductor y cómo podemos sacarle el mejor partido a nuestra relación laboral.

Un traductor es siempre una buena baza
Un traductor es siempre una buena baza

En primer lugar, desde el punto de vista del cliente, un traductor es un aliado. Es una persona con la que podemos contar para un sinfín de acciones relacionadas con las lenguas: traducción de folletos,  de divulgación, de textos altamente técnicos, de manuales para los trabajadores, de textos internos de la empresa, traducción de presentaciones para socios u otros clientes, revisión de textos que vayan a publicarse, redacción de textos con una intención específica (¿márketing?, ¿publicidad?) y seguro que muchos más que se me escapan. Además, es posible que nuestro traductor de textos escritos pueda además hacer el papel de intérprete (o de enlace, o de consecutiva, o incluso de simultánea). En resumen: el traductor o intérprete es realmente el alfil indispensable en nuestro tablero empresarial.

¿Qué gano yo trabajando con un traductor freelance?

Puede parecer obvio pero un traductor freelance es un traductor al que le gusta mucho su trabajo, es un traductor que es a la vez su secretario, su gestor, su jefe y su traductor, por lo tanto es una persona emprendedora, motivada, organizada y cumplidora porque todo su trabajo depende de él mismo.

Además, en los aspectos más prácticos, el hecho de contratar a un traductor autónomo o freelance le proporciona una serie de ventajas:

Flexibilidad: en lo que se refiere a horarios, temáticas que haya que traducir, disponibilidad para realizar una interpretación durante una mañana, disponibilidad de reunirse con él a primera hora de la tarde… Además, cuenta con él cuando le necesita. (Bien es cierto que si su empresa requiere de constantes traducciones, quizás es mejor contratar a un traductor en plantilla.)

Relación directa cliente <-> traductor: si usted como empresa contacta directamente con un traductor freelance, puede establecer con él una relación directa y quizás más fructífera, además de conseguir un mayor grado de implicación de su traductor. Las agencias de traducción son muy útiles ya que gestionan grandes cantidades y volúmen de traducciones de muchas empresas y cuentan además con muchos recursos, pero su papel de intermediario implica unos costes añadidos al coste de la traducción y una relación indirecta con el traductor que no tiene por qué ser negativa pero dificulta una pizca la comunicación.

 

Todo esto está muy bien, pero a menudo el cliente se pregunta: ¿cómo podemos llegar a tener la suficiente confianza en esta persona para confiarle tantos y tan diferentes trabajos de nuestra empresa y que se nos garantice además una gran calidad?

Se me ocurren 4 posibilidades:

1- Su currículum. Este punto es evidente: un traductor o una traductora que demuestre una experiencia y una formación que se adecúe a nuestra empresa puede ser un gran aliado. Debemos analizar su currículum igual que lo haríamos si le fueramos a contratar en plantilla.

2- Referencias: en otras culturas es muy habitual pedir referencias cuando se postula para un trabajo, y en nuestro país cada vez se recurre más a esta baza, puesto que alguien que ha conocido a la persona en cuestión en un entorno profesional puede darnos información muy valiosa sobre él o ella.

3- Muestras de trabajo: cada vez más los profesionales liberales exponen muestras de su trabajo para que los clientes potenciales puedan ver sus cualidades y su estilo y decidir así si nos gusta su forma de trabajar.

4- Finalmente, para acabar de decidir si nos gustaría trabajar con un traductor o traductora, podemos pedirle una prueba de traducción. Una prueba consiste en enviarle al traductor un pequeño texto (no más de 300 palabras) que sea representativo de nuestro ámbito de trabajo para que lo traduzca y luego evaluarla. Normalmente es de forma gratuita porque es una forma que tiene el traductor para demostrar su valía.

Si después de los puntos 1, 2, 3 y 4 nos gusta el traductor, tenemos la seguridad de que no nos va a fallar porque conocemos su trabajo ya de antemano.

Tengo un problema. ¿Cambio de traductor y listos?

A pesar de seguir estos puntos, es posible que una vez ya establecida la relación laboral con el traductor surjan algunos problemas de diversa índole. El traductor nos dice que el plazo es demasiado corto, no ha cumplido con la terminología que se esperaba, o el traductor se queja de que la empresa no le ha dado la suficiente información para que la traducción fuera de gran calidad.

Una reunión (virtual o presencial) nos permitirá mejor la relación con nuestro traductor
Una reunión (virtual o presencial) nos permitirá mejor la relación con nuestro traductor

Cualquier rifirrafe que surja entre el cliente y el traductor puede solucionarse de una forma más bien sencilla: hablando. Igual que hablaríamos con otro de nuestros proveedores si estuviéramos descontentos con el servicio que nos ofrece, lo mismo podemos hacer con el traductor. Si la disponibilidad geográfica nos permite establecer una reunión cara a cara, esa será la mejor opción para (1) conocerse y (2) mejorar la relación. Si por motivos geográficos no se puede, hoy en día las nuevas tecnologías hacen milagros, ¿verdad? Una llamada o un Skype y problema resuelto. Es posible que el traductor también tenga dudas acerca de su empresa, de lo que ustedes esperan de una traducción. A veces desde dentro se dan cosas por sentadas que no necesariamente tienen por qué saberse si uno es ajeno a una empresa o a un ámbito específico del conocimiento.

Las relaciones hay que cultivarlas

Por todo ello, la mejor herramienta es la comunicación entre los dos actores: si el traductor ve que el plazo para una traducción es demasiado corto, se lo comunicará. Esto no implica que sea un traductor desorganizado, es que seguramente ha analizado el texto y, siendo profesional en su ámbito, observa que más tiempo le dará mejores resultados. Y al revés, si usted desde la empresa ve que en su experiencia, lo que hace el traductor no es específicamente lo que usted necesita, no dude en comunicárselo. Las relaciones hay que cultivarlas, y su traductor será mejor y entenderá mejor lo que usted necesita tras unas cuantas traducciones, una buena comunicación y un café con el cliente. ¿O no es así?

 

¿Cómo encuentro un traductor autónomo?

Pues bien, respuesta fácil: Internet. Hoy en día (casi) todos los traductores y traductoras freelance tenemos nuestra web, desde la que uno puede hacerse una idea de qué hacemos, en qué nos especializamos, y qué sabemos hacer bien. También funciona muy bien el boca-oreja. Si alguien que trabaja con nosotros conoce a un freelance y confía en él, esa es una buena manera de acceder a un traductor. O preguntar en nuestro entorno laboral, compañeros de otras empresas que trabajen en el mismo ámbito. Además,  portales profesionales como Linkedin, o las asociaciones de traductores (como APTIC, de la que formo parte) son buenos buscadores de profesionales con los que podemos establecer una relación laboral.

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