• ¿Adónde vas, Irina?

    A veces me pregunto por qué continúo descendiendo a los infiernos. Creo que lo hago para encontrarme con el ser humano. Svetlana Aleksievich

     

    Recientemente se ha publicado la novela ¿Adónde vas, Irina? que traduje este verano del catalán al castellano para la editorial Muñoz Moya.

    La novela narra la historia de una niña, Irina, que crece en un mundo marcado por la tragedia de la explosión de Chernóbil en 1986 que, como a muchas otras familias, dejó a la de Irina una situación muy precaria. Sin embargo, una asociación que acoge a niños y niñas ucranianos en Cataluña durante el verano se convertirá en la esperanza de Irina y de su hermano Bacil, quienes viajarán cada verano a casa de su madre de acogida, Esperança, y mantendrán con ella una relación de amistad que les unirá profundamente.

    Mediante el uso de flashbacks y de historias entrecruzadas, Rosa Maria Pascual  nos descubre un mundo desesperado, de enfermedad y de extrema pobreza, pero también de generosidad y de solidaridad de una sociedad dispuesta a avanzar.

    ¿Adónde vas, Irina? nos recuerda que no hay que olvidar el pasado y rinde homenaje a las víctimas de la explosión del reactor, de la que este año se cumplen treinta años.

    “La explosión en Chernóbil expulsó sustancias radiactivas hasta una altitud de 1,5 kilómetros. Por lo que conocemos hoy en día, no hay lugar en el mundo donde las nubes radiactivas de Chernóbil no estuvieron presentes.
    Hoy en día, la contaminación radiactiva se compone principalmente por sustancias tales como el estroncio y el cesio – estos tienen una desintegración de 30 años. Por lo tanto, van a seguir contaminando el entorno próximo durante varias décadas. Isótopos de plutonio y americio estarán presentes en el territorio respectivo probablemente por varios miles de años”.

    Información sobre la historia de Chernóbil, (www.chernobylwel.com)

    “La lluvia radiactiva, 400 veces superior a la radiactividad liberada en Hiroshima, expulsó a más de 300.000 personas de sus hogares y desencadenó una epidemia infantil de cáncer de tiroides. Con los años, las pérdidas económicas –costes sanitarios y de limpieza, indemnizaciones y pérdida de productividad– se han cifrado en cientos de miles de millones de euros. A medida que los errores y el secretismo del gobierno fueron saliendo a la luz, Chernobil incluso aceleró la desintegración de la Unión Soviética.

    Los primeros cálculos de que habría decenas o incluso cientos de miles de muertos a consecuencia del accidente de Chernobil han sido desechados. Pero el daño genético producido hace 30 años se cobra lentamente sus víctimas. Nadie puede predecir los efectos definitivos, pero un informe fidedigno de 2005 calculaba que el polvorín de cáncer encendido por Chernobil se cobraría 4.000 vidas hasta la fecha. Aun así, los efectos más insidiosos de Chernobil podrían ser las heridas psicológicas sufridas por los que abandonaron un hogar malogrado y por los millones de personas que siguen viviendo en la zona contaminada. «Los efectos psicológicos son devastadores –dice Mijaíl Malko, físico en Minsk–. Muchas mujeres sienten que darán a luz bebés enfermos o hijos sin futuro»”.

    Ucrania, Chernobil: 30 años después del accidente nuclear (www.nationalgeographic.com.es, 2016)

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