Cuando a uno le gusta lo que hace,
lo hace bien.

 

El mundo de los idiomas es mi pasión, y trabajar con pasión es algo que se nota.

A veces oigo cosas como: “viví un año en Inglaterra y ahora traduzco libros y todo tipo de textos para empresas y profesionales”.

 

Cuando escucho estas frases, se me ponen los pelos de punta.

 

¿Verdad que yo no me atrevería a arreglar un coche por el simple hecho de que llevo diez años conduciendo, o no abriría un restaurante solamente porque cocino en casa?

 

¿Entonces por qué creemos que si dominamos más o menos bien un idioma (hablado) podemos traducirlo?

La traducción es una tarea difícil que requiere conocimientos, experiencia y formación, y que no todos los que dicen “saber traducir” saben hacerlo de verdad.

La frase, “zapatero a tus zapatos” es el mejor resumen de esta idea.

 

Y al igual que yo cuento con los servicios de una diseñadora web, una diseñadora gráfica o una contable, mis clientes confían en mí porque saben que soy experta en lo que hago.

Trabajo con mucha atención al detalle, rapidez, precisión y profesionalidad. Eso podría decirse de cualquier profesional, pero todos sabemos que la realidad no siempre es esa. Me enorgullezco de poder decir que mis clientes están satisfechos de mi trabajo y vuelven a contratarme después del primer proyecto.

 

Mantengo relaciones duraderas con clientes que conozco desde hace años y confían en mi experiencia y mis servicios para sus traducciones, sus correcciones de textos o sus clases de inglés.

 

El mundo de los idiomas es mi pasión, y trabajar con pasión es algo que se nota. Cuando a uno le gusta lo que hace, lo hace bien, se esfuerza por aprender, mejorar y alcanzar la mejor calidad. Eso es justo lo que hago cada día. Entrego traducciones y correcciones de alta calidad e imparto clases de inglés enfocadas a tu negocio, divertidas y provechosas.

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Los clientes con los que he colaborado son mi mejor aval.

Han confiado en mí, entre otros: Casa Ametller, Intermón Oxfam, Cafès Novell, el Instituto Forestal Europeo, el teatro Sala Beckett o la revista TopGirona.

Soy la persona de referencia para tus traducciones de marketing y publicidad, legales, técnicas, editoriales y de ciencias sociales.

Especialización, especialización y más especialización.

Trabajando conmigo conseguirás agilidad, flexibilidad y rapidez.

Como soy autónoma, además, la comunicación será directa, sin intermediarios.

Te escucho para entender tus necesidades y conseguir una traducción que se comunique con tu cliente.

Cuéntame cuáles son tus países objetivos, estudiaremos su cultura, costumbres y expresiones para adecuar la traducción al lenguaje vivo de cualquier rincón del mundo.

Estoy cerca de ti.

¿Qué distancia existe hoy en día que Internet no pueda cubrir? Llámame. Escríbeme. Conozcámonos aunque sea por Skype.

¿Cómo empezó todo?

GEMMA Traductora es el nombre de mi empresa por una simple razón, y es que son las dos piezas del rompecabezas con el que me identifico: mi identidad y mi profesión. Desde muy pequeña ya soñaba con hablar muchos idiomas, viajar, conocer a gente de otros países y ver mundo. Mi mayor deseo era llegar a ser intérprete de las Naciones Unidas en su sede en Nueva York, y mi película preferida siempre había sido La Intérprete, protagonizada por Nicole Kidman.

 

Mucha gente cree que los sueños son cosas inalcanzables, cosas de niños, pero nada más lejos de la realidad. Los sueños nos ayudan a levantarnos por la mañana, tirar para adelante nuestros proyectos y conseguir nuestras metas.

 

Es así como, con estos objetivos en la cabeza, me matriculé en la facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Elegí el inglés y el árabe como lenguas de trabajo, pero pronto me di cuenta que esa combinación era escasa, y decidí también, simultáneamente, apuntarme a los cursos del Instituto Francés de Barcelona.

Los gloriosos años de universidad

Con la idea de mejorar mi francés, pedí un Erasmus en Francia, y viví en Burdeos durante un curso. Fue una experiencia apasionante: aprendí mucho, no solo de francés, sino de mi persona, de enfrentarme a la vida y de conocerme.

 

Tras volver de Burdeos, sentía que ahora el idioma que estaba quedando más cojo era el árabe, ¡pobrecito! Tan difícil y tan bello a la vez. De nuevo, pedí otro intercambio a través de la universidad. Las opciones para los estudiantes de árabe eran dos: Marruecos o el Líbano. La lejanía de Beirut, a la orilla opuesta del Mediterráneo, era como un imán. Me atrajo la idea desde el mismo momento en que vi la palabra escrita en las listas de destinos. Pensé: si no voy ahora, puede que nunca más tenga esta oportunidad.

 

Y dicho y hecho: viví un semestre en Beirut, descubriendo un país de contrastes, de choques incluso, y de buena gente, buena comida, y un sentido del carpe diem difícil de explicar.

 

Finalmente, volví de Beirut, acabé la Licenciatura y ante el vacío que planteaba el futuro, me planteé qué hacer: ¿seguir estudiando? ¿Empezar a trabajar?

Sobrevivir a las primeras experiencias laborales.

La mejor opción, y sigo pensando que es así para cualquier recién licenciado, es combinar un trabajo con unos estudios superiores. Y así lo hice: estudié el Máster de Traducción Profesional e Institucional de la Universidad de Valladolid, a distancia, porque lo combinaba con mi trabajo como traductora en el Institut Català de Nanotecnologia.

 

Más tarde entré a sustituir a la traductora del departamento de África Oriental y Magreb de la sede de Oxfam Intermón en Barcelona.

Las primeras experiencias laborables en plantilla me enseñaron muchísimo. Aprendí el funcionamiento interno de las empresas y a detectar sus necesidades, cosa que luego he podido aplicar en mi carrera profesional como autónoma.

 

Después de estos trabajos, comencé a trabajar de intérprete y asistente de dirección en una multinacional turca y viajé por España, Portugal y Francia visitando clientes de la empresa.

 

Fue en esas visitas en Portugal donde descubrí que el portugués era mi siguiente objetivo a conseguir. Actualmente traduzco desde el portugués y tengo varios clientes para los que trabajo de forma regular en este idioma.

Triple salto mortal hacia la vida del autónomo.

Con un ordenador, un despacho en casa y muchas ganas, creé mi primera página web, hoy en día renovada, conseguí mis primeros clientes y hasta el día de hoy, no he dejado de formarme para ser mejor día a día.

 

Desde 2014, GEMMA Traductora es una realidad a la que le tengo el mismo cariño que si fuera mi hija. Es mi gran proyecto personal.

 

Ayudo a mis clientes a internacionalizarse, comunicarse con sus clientes o socios extranjeros, llegar a nuevos rincones del mundo y, en definitiva, hacer que tanto ellos como yo podamos avanzar y seguir construyendo puentes.

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